NO A LA JORNADA LABORAL DE 65 HORAS SEMANALES


CNT, hoy como ayer, exige una jornada de 30 horas semanales sin merma salarial.

A pesar de los beneficios que comportan la sana discusión y el debate, hay asuntos que no merecen que nadie les dedique tiempo. Y uno de ellos es la ampliación de la jornada laboral. Tras más de dos siglos de lucha, tras tanta sangre derramada en la conquista de unas condiciones de trabajo medio dignas, el Consejo de Ministros de Empleo de la Unión Europea no sólo debatió sobre los beneficios y perjuicios de tal medida, sino que, ni cortos ni perezosos, profundizaron sobre la conveniencia de institucionalizar la jornada laboral ¡de 65 horas!.

La propuesta, formulada por Eslovenia (país que presidió la UE el primer semestre del año), cuenta con el apoyo expreso de Reino Unido –donde la legislación laboral permite que el trabajador y el empresario negocien, al margen del convenio y por su cuenta y riesgo, la ampliación de la jornada de 48 horas (límite general actual para todos los estados miembros de la UE) hasta las 60 horas (figura conocida como ‘opt-out’)– y se prevé que los gobiernos neoconservadores de Italia, Francia y Alemania, entre otros, apoyen la iniciativa.

Con estas disposiciones manifiestas, es seguro que la propuesta saldrá adelante, con lo que quedará sometida a la aprobación del Parlamento Europeo. El ministro español, Celestino Corbacho, recordó a los eurodiputados que el próximo año se celebrarán elecciones y “tendrán que pedir el voto a los trabajadores europeos”. ¿La convocatoria electoral será el único motivo para que a los trabajadores nos reimpongan las aberrantes condiciones laborales de la Edad Media? Porque que nos obligaran a trabajar 13 horas diarias sería, nada más y nada menos, que legalizar la figura del esclavo, del siervo entregado en cuerpo y alma a la producción de réditos económicos de los que jamás disfrutaremos (entre otras cosas, porque no tendremos tiempo).

La necesidad de asegurar la competitividad empresarial destaca como argumento de los estados favorables a esta opción cuya ejecución, en principio, dependerá de los gobiernos estatales. Pero dentro de no mucho tiempo, cuando las desigualdades entre los estados se agudicen y se esgrima que la causa es la jornada laboral, ¿qué harán gobiernos como el español, que ayer se negó a apoyar esta iniciativa? Sólo un cambio de opinión ante una crisis económica creciente o la alternancia política en el Ejecutivo convertirán en realidad este inadmisible planteamiento.

Además, la posibilidad de ampliar la jornada laboral, sin que exista el menor motivo para ello, dará excusa a la patronal para rebajar los derechos y condiciones salariales: en el marco de una crisis –que deriva inevitablemente en un incremento del desempleo–, los empresarios tendrán a su disposición un arma cargada para conseguir más por menos precio (si no aceptas 13, 15 ó 18 horas diarias de trabajo, mantén a tu familia con lo que puedas), a la que hay que sumar el retraso en la edad de jubilación que sí se plantea en España.

Esta iniciativa, además, no sólo atenta contra la conquista histórica de los derechos de los trabajadores. También contra la esencia del ser humano, porque borra de un plumazo la posibilidad de dedicar tiempo a la formación, al ocio, a la vida personal y familiar... ¿Será otra vía para crear votantes consumistas e ignorantes? Se nos reduce, una vez más, a máquinas de producir para otros.

Pero desde CNT no lo vamos a consentir. Y seguiremos luchando por una jornada laboral de 30 horas.





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